4 - jun - 2022
Estaba en comedor de casa, pero en medio estaba la cama.
Mi habitación (al fondo) estaba exactamente igual que cuando era de mis tíos: la vieja persiana de madera completamente levantada y la puerta de entrada abierta.
(Es uno de esos sueños en los que tengo todo abierto en mi habitación y me molesta no tener privacidad).
Había gente afuera (familia).
Estaba abajo del arco de la sala, y había un chabón (no sé quién era), pero se acercaba cada vez más. Me movía de un lado a otro, pasando junto a él a propósito.
Me daba bronca que no me tocara.
Cuando por fin lo hace, veo a lo lejos (a través de la ventana de mi habitación, que era visible) que algo sale de la casa de mi tía. Era alto (unos dos metros), esquelético, solo piel, sin rostro, sin nada (parecido a "Bichi").
Se dirigía rápidamente a mí.
El tipo ya no estaba.
Me escondí atras de la cortina.
La "cosa" se acerca rápido, caminaba medio inclinado, como si le pesara demasiado la cabeza. Se inclina, susurra algo que no entiendo, y luego ya no lo veo.
No recuerdo nada más.
16 - may - 2021
Estaba en un apartamento raro. Huía de algo, no estaba segura de si eran "cosas" o personas, pero siempre dejaba una muñeca.
"Se va a enojar", pensaba.
"No, es solo una muñeca", pensaba también.
En un momento, estaba lavando la muñeca en la bacha de la cocina y me clavó algo parecido a un destornillador en el cuello.
Estaba tranquila, pero empezaba a tener dificultad para respirar. Mis ojos se llenaron de sangre. Todo estaba borroso.
Intenté agarrar una tijera de uñas pequeña para apuñalar a la muñeca, pero no las encontré.
Me desperté boca arriba, con la parte del cuello que me había clavado la muñeca completamente entumecida.
05 - 03 - 2017
Antes de despertarme alrededor de las 6am del 5 de marzo:
Estaba con Marito en casa, en el patio de atras, de noche. Miramos al cielo y vimos ovnis, y de ellos salieron los marcianos de Burton. Entramos.
Solo estaban prendidas la luz de la cocina y la de mi habitación. Mi papá dormía con la tele prendida y mi mamá estaba en Córdoba.
Del comedor salió un marciano —no recuerdo cómo murió— y otro había tomado la forma de Sandy, mi perra, que es como mi hermana.
Agarré a Sandy y la llevé a mi habitación para que no le pasara nada.
Fui a decirle a mi viejo: «Pá vinieron los marcianos», y él medio dormido, dijo: «Bueno...». Le dije que iba a cerrar la puerta y que no vaya a salir de su pieza.
Sandy no paraba de saltar de la cama, me di cuenta que era un marciano fingiendo ser la Sandy real. La saqué. En la cocina agarré el cuchillo que tiene dientes y la apuñalé,
luego le serruché el cuello hasta que se deshizo; la decapité. No se resistió, sólo me miraba de reojo.
Me aterraba que fuera la Sandy real. Cuando volví a mirar a mi habitación, mi Sandy real seguía en la cama.
Me tranquilicé un poco, pero verme decapitar a mi perra fue horrible.
Recogí los pedazos en una bolsa negra (las de basura). Una figura oscura me dijo que fuera a lavarme las manos y me siguió.
Fui al baño porque también tenía ganas de mear, estaba preocupada por mi vieja que estaba en Córdoba, y esperando que todo estuviera bien.
Me desperté con ganas de mear.
29 - 07 - 2013
No recuerdo por qué volví después de haber huido de aquel lugar durante mucho tiempo. No recuerdo qué había hecho antes de cruzar esa puerta. No sé por qué me sentía tan bien; no sabía nada.
Solo sabía que estaba ahí de nuevo, caminando por el pasillo, pasando aula por aula, hasta llegar a la penúltima: el aula en la que debería haber estado hacía meses, la que había abandonado.
Llegué tarde, una hora o una hora y media. Todo estaba silencioso, y eso era raro. Cuando llegué vi a cada persona con la que había compartido todos estos años.
Todo pasó muy rápido después de encontrarme entre aquellas cuatro paredes descoloridas y garabateadas. Fue como si algo me hubiera poseído, tomando control total de mí.
Recuerdos confusos, rápidos y difíciles de entender, de cosas que sucedieron en —no sé cuánto tiempo— pero al mismo tiempo, sabía que no había pasado mucho.
Sin embargo, ver la nueva decoración de aquella aula me trajo la sonrisa más grande, la más genuina y feliz que jamás había tenido.
¿Había algo más hermoso que ver a toda esa gente tirada en el suelo, entre charcos de sangre?
Solo quedaba yo, con un cuchillo que había traído sin darme cuenta, y lo que quedaba de mis antiguos compañeros.
¿Había algo mejor?
En ese momento, eso fue lo que sentí: felicidad, alivio... Me había quitado un gran peso de encima, no necesitaba nada más.
Caminé, sonriendo, disfrutando del momento, sintiendo cosas que no debía, pero sin sentir ni una pizca de culpa. No me controlaba,
pero estaba cumpliendo el deseo más oculto que tenía, un deseo en el que una vez había pensado pero que había descartado como una tontería, o un mero sueño absurdo, algo totalmente imposible.
No quedaba nada.
No había razón para quedarme ahí. Me había metido en el baño, escondiéndome en el último cubículo. No sé por qué, pero sentí que todo había sido planeado.
Me sentía yo misma, pero al mismo tiempo, sentí que no era yo quien controlaba mis acciones; solo podía observar hasta dónde llegaba esta fuerza que me manipulaba.
Eliminé algo que me había atormentado toda la vida. Para entonces, ya había comenzado la parte final de todo; solo quedaba esperar, solo eso: esperar a dejar de respirar para ser completamente feliz.